lunes, junio 06, 2011

Cuento de otros tiempos

Hace tiempo que no publico nada en el blog que no sean noticias y en parte es debido a lo ocupado que estoy en estos momentos. Por eso, mientras espero que pase la tormenta y revolviendo el pasado entre mis cosas, les traigo uno de los primeros cuentos que ilustré. ¡Cuando todavía ni me imaginaba que podría vivir de esto!. El texto es de Mariano Cassano, un viejo y querido amigo del trabajo por aquellas épocas, estamos hablando de los años 90. Comparto con uds. la ilustración y el cuento para que lo disfruten!




EL PERRO DEL GUILLE

Mirá que era raro el perro del Guille. Al principio él no decía nada que tenía un perro, pero nosotros sospechábamos algo. Nos dimos cuenta cuando estábamos tomando mate en la cocina y vimos una enorme cagada en el piso y se agarró la cabeza y dijo que no era nada; pero tomó la escoba y una pala y se puso a juntar la mierda con una cara de preocupación que rara vez tenía.
Un día fuimos a lo del guille a pedirle el serrucho, y cuando entramos a la casa sentimos un olor tan asqueroso que el Nono se puso a las arcadas, Totó le dijo al Guille que limpiara más seguido. El Guille estaba colorado como un tomate, pero nos dijo que no olía nada raro.
El día que el Guille reconoció que tenía un perro fue cuando le cagó en la cama. Nosotros estábamos en la cocina y él fue a la pieza a buscar no sé qué cosa, entonces sentimos una puteada que nos sobresaltó, y fuimos corriendo a ver qué pasaba. Nos quedamos duros. N o podíamos creer lo que estaba ante nuestros ojos. El perro hijo de puta le había cagado toda la cama y la mesita de luz, y en la silla, dode tenía la ropa limpia, había una meada que todavía hechaba vapor.
Desde ese día el Guille hablaba del perro sólo cuando le preguntábamos.
Todos hacíamos comentarios acerca del perro. Totó decía que debía ser grande, porque un perro normal no podía hacer semejantes cagadas. El Nono, que era un mentiroso viejo, era el único que aseguraba haberlo visto, y a la noche cuando nos juntábamos para tomar cerveza, el Nono se mamaba y nos decía cómo era el famoso perro. Yel Nono dijo que era grande como una vaca y que tenía unos pelos largos como los de la Mari, y que la cabeza era alargada hacia adelante como un caimán y en la punta le nacía un cuerno gris de un metro y medio de longitud; pero de esto último no estaba muy seguro. Como nos verseaba el Nono.
El Guille nunca nos dejaba ir al fondo. En el fondo estaba el perro. Nos decía que por qué teníamos tanto interés en un simple perro, pero cuando le comentábamos que sólo lo queríamos ver porque nos gustaban los animales, esquivaba el bulto y salía hablando de otra cosa.
Debe ser bastante raro para que el Guille no quiera mostrarlo, solía decir Totó mientras tomaba cerveza, pero la incógnita más grande era cómo había ido a parar el perro a la casa del Guille.
Como siempre, el Nono ya tenía su historia al respecto. Dijo que el perro había nacido allí en una noche de luna llena, pero que después se nubló y se vino una tormenta espantosa y poe eso el aspecto del animal era tan horrible.
El Nono nos contaba todas las noches, después de unos vinos, que el perro del Guille era terriblemente feroz y que cagaba tanto porque comía como un elefante. Nos preguntamos cómo haría el Guille para alimentar al perro, pero al Nono nos dio una explicación: el animal salía todas las noches y, para alimentarse, asesinaba a dos o tres personas, razón por la cual el Guille no hablaba de él.
Un domingo por la tarde, mientras tomábamos mate en lo del Guille, le pregunté personalmente si el perro estaba atado; me contestó que sólo lo retenía en una cucha. pero que rara vez se escapaba. Un segundo después sentimos retumbar unas pisadas en el pasillo que va al fondo, acompañadas de un resoplido monstruoso. El Guille, muy alterado, nos pidió que no nos moviéramos. El perro estaba en la casa. Estábamos helados. E. Nono temblaba como un motor en marcha. víctima de sus propias fabulaciones. Lo vimos salir al pasillo y oíamos que le gritaba y lo mandaba a cucha; al parecer el perro no tenía intenciones de volver, porque el Guille parecía cada vez más furioso.Entró a la cocina, y luego de hechamos una mirada extraviada. tomo un látigo que colgaba de la puerta y salió a enfrentarse con el minotauro.
Media hora duró la tortura de quedamos quietos en nuestras sillas, el mate frío aún estaba en mi mano. Oíamos ruidos en el fondo, como si cerraran un portón. No pude mas y me levanté en dirección al pasillo, sentí que Totó me seguía muy cerca.Cuando salímos vimos enormes manchas de barro en el piso, eran difusas e incongruentes, pero se repetían en forma regular hacia el fondo.No cabían dudas, eran huellas de perro. De cunclillas en el suelo, vimos entrar al Guille sumamente transpirado, y de muy mal humor nos hechó de la casa. Pero antes de dejada pudimos oir por primera vez ladrar al animal. Esos ladridos no eran normales, eran histéricos gritos de mujer, que por momentos se transformaban en interminables lamentos. Luego escuchamos tremendos golpes en el fondo y el Guille nos empujó dando un portazo que hizo caer parte del reboque de la pared.
Corrimos sin parar hasta mi casa y allí nos detuvimos. El Nono lloraba de miedo. Totólo tranquilizó mientras yo colocaba la pava en el fuego. Chupé con alivio el primer mate y cebé el segundo a Totó. Chupó unos sorbos y después de pensar unos segundos dijo que yo era el mas inteligente de los tres; que era el único capaz de calcular el tamaño de la bestia partiendo de las huellas halladas en el pasillo. Medité y consideré que las pisadas medían unos quince centímetros de diámetro,un animal con esas patas debería sostener un cuerpo de no menos de dos metros de altura.Hasta yo quedé asombrado con mis cálculos. El Guille guardaba un monstruo en su casa.
Por unos días no volvímos a hablar del perro. Nos causaba angustia pensar que un amigo nuestro se estuviera volviendo loco por mantener un ser bestial. El Nono nos comentó que vió salir al Guille bastante nervioso a la puerta del calle,cortó la rama de un árbol y regesó rápidamente al interior de su casa. También nos dijo que nunca lo había visto tan pálido y tan flaco.Esta vez le creíamos.
Ya no nos animábamos a ir a lo del Guille, por miedo al perro; pero nos urgía la necesidad de sacar a nuestro compañero de ese infierno. Totó propuso la idea. Todavía creemos que fue lo mejor que pudimos hacer. Llamamos a la policía.
Hace rato que no vemos al Guille, y lo extrañamos bastante. A veces tomando mate, nos sentamos a recordar su amistad, su camaradería y sus cálidas anécdotas. ¿Quién lo iba a decir? Este Guille...venir a afanarse un caballo.

3 comentarios:

roger ycaza dijo...

Maestro siempre Poly, desde el primer encargo!!!
Un fuerte abrazo!

Poly Bernatene dijo...

Muchas gracias Roger! En realidad olvidé mencionar que no fue un encargo, ambos lo hicimos para un concurso(si se fijan la firma dice Bernini, mi seudónimo para aquella ocasión). Si me pongo a pensar cuál fue mi primer encargo...creo que debo remontar mucho más lejos en el tiempo, cuando mi mamá (maestra) me encargaba dibujar sus láminas para el salón de clases: ecosistemas, escenas patrias, etc!jaja!
Abrazo grande.

RuAn dijo...

Excalente relato, aunque é de decir que con un esperado final (confiaba en que fuese una baca...no se puede acertar siempre) La ilustración..Fantástica. Apertas

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